viernes, 20 de marzo de 2009

CONSUMISMO

Ha llegado a mis manos este encantador escrito de Eduardo Galeano. LO encuentro tan dekicioso que no me resisto a tentacion de compartirlo con Vds.


Por qué todavía no me compré un DVD
porque soy un comunista amarrete.......
Por Eduardo Galeano
Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los críos. Los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales). ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!

Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.

¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor.. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades.
¡Guardo los vasos desechables!
¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida. ¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.

¡Nos están fastidiando! ¡¡Yo los descubrí. Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike? ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa? ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?

Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura. El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!! ¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de........... . años! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII). No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.

De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor.
Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo' pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo nuevo'.

Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo)

Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.
Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar(porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos. ¡¡Como guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡Guardábamos las chapitas de los refrescos! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón. Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables. Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.
¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín..
Las cosas no eran desechables. Eran guardables..
¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver!!. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'este es un 4 de bastos'.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa (broches) y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada. Ni a Walt Disney.

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.
Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos.
Ah¡ No lo voy a hacer!
Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable.
Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.

Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer.
No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.
No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.
Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares.
De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.
Pero yo
soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la bruja me gane de mano y sea yo el entregado.
Hasta aquí.

Eduardo Galeano

12 comentarios:

Franziska dijo...

Leer a Eduardo Galeano es siempre un placer pero, en esta ocasión, lo he leído hasta recreando su acento uruguayo. Es tan sisncero todo lo que dice. Me ha hecho sentir tan cerca. Y eso que yo soy de las que guardo cosas inútiles durante años, sin embargo, terminó por hacer "limpieza", es decir, por aumentar la basura colectiva.

Te agradezco este detalle. ¿Dónde lo encontraste? Es de algún libro. Si fuera así, querrías decirme de qué libro se trata.

Fernando dijo...

Querida aniga: Agradezco tu visita a mi blog y tu cariñoso comentario.
En cuanto al artículo de Eduardo Galdeano te diré que me lo pasó uba encantadora amiga de Rosario de Santa Fé

Besos

RosaMaría dijo...

Cuánta verdad encierra este reporte! Yo soy de la generación de los que guardaban, más siendo profesora de Actividades Prácticas en las escuelas, donde no había material, allí estaba yo con los rollos centrales del papel higiénico para hacer títeres, porta lápices, u otro inventado por los chicos, porque así inventaban!No te cuento más porque sería redundar pues también les hice hacer instrumentos a los que llamábamos "chapiteros" y doy fé de que lo hacían muy bien.
Gracias Fernando: me permitirás ponerlo en mi blog también, por supuesto nombrando la fuente.
Besos

Fernando dijo...

Gracias por todo Rosita: En cuanto al permiso para reproducirlo de que me hablas, te diré que, tanto en este como en cualquier otro caso estás plenamente autorizada para reproducir en tu blog todo lo que se te antoje

Besos

Fernando dijo...

Gracias por todo Rosita: En cuanto al permiso para reproducirlo de que me hablas, te diré que, tanto en este como en cualquier otro caso estás plenamente autorizada para reproducir en tu blog todo lo que se te antoje

Besos

Anónimo dijo...

Hemos advertido que en vuestra página se ha publicado un texto del
escritor uruguayo Marciano Durán con un título y una firma que no se
corresponde con el original.

Desde hace unos días circula por Internet la crónica "Desechando lo
desechable" y lo hace con el título "Porque todavía no me compré un DVD",
"Para los de más de 40", "Mayores de 40" y "Ahora todo se tira" con la firma del reconocido
escritor compatriota Eduardo Galeano.


La versión original (sin las modificaciones que sufrió en los últimos
meses) se encuentra en la página http://marcianoduran.com.uy y está a
disposición vuestra (junto a un par de centenares de crónicas más) sin más
requisito para utilizarlas que no modificar su contenido.


Dpto de Prensa de "Crónicas marcianas y uruguayas"

http://marcianoduran.com.uy

RosaMaría dijo...

Pues este error ha servido para conocer al autor, y reivindicar su autoría, valga la redundancia. Es artículo es muy bueno y la página a las que nos remite es muy interesante.
No afligirse Fernando, estas cosas pasan en la red, sabiendo como eres, seguro que Marciano Durán lo comprenderá perfectamente.
Feliz Pascua amigo!

Fernando dijo...

Entono el " mea culpa " y estoy dispuesto a dar toda clase de explicaciones, a quien proceda, por haber sido el involuntario introductor en este foro de los errores de los que se me acusa.
Alego en mi descargo que me he limitado a repetir, sin poner ni quitar ni una coma, el articulo que me llegó a traves de Internet y que consideré digno de ser reproducido. No me ha movido ninguna clase de intereses y, de nuevo, solicito la mas amplia amnistía para mi involntario error.

Fernando Pérez

RosaMaría dijo...

El sentido del humor y tu bonhomía se conjugan una vez más en tus letras. Abrazote grande y FELIZ PASCUA nuevamente.

MARISEL dijo...

Querido Fer yo no conocía este texto maravilloso y aunque no vivi del todo lo que se cuenta si recuerdo cosas de la niñez.
Besos muchos a titipuchales
Marisel

Asociacion de Médicos Escritores dijo...

En mi pais Guatemala, se dice que, debido a la crísis, el consumismo es: vestirse CON-SU-MISMA CAMISA, CON-SU-MISMO-PANTALON, CON-SU-MISMO-SOMBRERO, etc.
Por otro lado, yo también voy por allí, por esa generación "guarda todo", por esa generación apegada a las cosas por sentimiento.
Me gustó mucho el artículo, felicitaciónes a su autor.

Juan Francisco Serrano
Miembro de la Asociación de Médicos Escritores de Guatemala.

Anónimo dijo...

Como homenaje a este blog de auténtica poesía adjunto envio la siguiente, en relación al escrito de consumismo :

Usar y tirar,
consumo incesante,
raro es arreglar,
hecho dominante
en el mundo actual
de recursos abundantes
y política ambiental.

Pudiendo comprar nuevo
mucho personal ahora
sin pensar en presupuestos
gusta mandar a la porra
todo lo que queda viejo.

Añoro los tiempos viejos
y sus recursos escasos
que agudizaban ingenios
para arreglar los cacharros
durante largos inviernos
y gozar en los veranos.

Jose Ortega