martes, 29 de enero de 2008
EL TREN CORTO DE LUGO
¡¡El tren corto de Lugo!!, Lo recuerdo muy bien,
me veo en el andén del viejo Guitiriz.
Llovizna mansamente y anuncia su llegada
sonora campanada de aquel tiempo feliz.
La entrañable estación, en mi mente percibo,
recuerdo el seto vivo de arrayanes y boj,
me embarga de emoción su fuerza evocadora,
y miente falsa hora .el clónico reloj.
Recuerdo que una vez, una tarde de lluvia,
una chiquilla rubia, buscaba mi atención,
mi orgullo era infinito por aquella conquista,
pues saltaba a la vista su hermosa condición.
Se oye largo silbido del tren en lontananza,
por tierras de labranza cruza el paso a nivel,
le responde el aullido de un perro vagabundo,
y el tañido profundo del campanario aquel
Circula retrasado con ligera demora,
hay que ajustar la hora, como es habitual,
hay que arañar minutos acelerando el paso,
y alcanzar sin retraso la estación terminal.
Es su locomotora mas propia de un museo,
que del duro ajetreo que le impone el deber,
se llama “Villalpando” y en su férreo costado
un letrero adosado nos lo hace saber.
Al tren “corto de Lugo” lo miran los bovinos,
con los ojos cansinos, y su manso rumiar.
Al borde de la vía va un pequeño regato,
hasta hace poco rato llovía sin parar.
Llegó la vieja máquina chirriando en la frenada,
viene rota y cansada de tanto caminar,
resopla mil vapores por las viejas heridas,
apenas recosidas , a medio restañar.
Con un fuerte pitido, agudo y lastimero,
nos dice el tren ligero que pronto ha de partir.
La gente sin apuro se sube a los vagones
dándoles apretones quien los fue a despedir.
Habrás de ser feliz viajando en este tren,,
yo se que en el andén de la última estación,
con febril inquietud por el ansia de verte
te espera la gran suerte de amante corazón.
Cansino y dolorido el “corto” traquetea,
va llegando a la aldea mas alta del lugar,
luego, se precipita raudo por la pendiente,
alegre y sonriente pues ya se huele el mar.
Y termina orgulloso su quehacer cotidiano,
de buen samaritano, dispuesto a descansar ,
hasta el siguiente día , de nuevo uncido al yugo,
aquel corto de Lugo difícil de olvidar.
me veo en el andén del viejo Guitiriz.
Llovizna mansamente y anuncia su llegada
sonora campanada de aquel tiempo feliz.
La entrañable estación, en mi mente percibo,
recuerdo el seto vivo de arrayanes y boj,
me embarga de emoción su fuerza evocadora,
y miente falsa hora .el clónico reloj.
Recuerdo que una vez, una tarde de lluvia,
una chiquilla rubia, buscaba mi atención,
mi orgullo era infinito por aquella conquista,
pues saltaba a la vista su hermosa condición.
Se oye largo silbido del tren en lontananza,
por tierras de labranza cruza el paso a nivel,
le responde el aullido de un perro vagabundo,
y el tañido profundo del campanario aquel
Circula retrasado con ligera demora,
hay que ajustar la hora, como es habitual,
hay que arañar minutos acelerando el paso,
y alcanzar sin retraso la estación terminal.
Es su locomotora mas propia de un museo,
que del duro ajetreo que le impone el deber,
se llama “Villalpando” y en su férreo costado
un letrero adosado nos lo hace saber.
Al tren “corto de Lugo” lo miran los bovinos,
con los ojos cansinos, y su manso rumiar.
Al borde de la vía va un pequeño regato,
hasta hace poco rato llovía sin parar.
Llegó la vieja máquina chirriando en la frenada,
viene rota y cansada de tanto caminar,
resopla mil vapores por las viejas heridas,
apenas recosidas , a medio restañar.
Con un fuerte pitido, agudo y lastimero,
nos dice el tren ligero que pronto ha de partir.
La gente sin apuro se sube a los vagones
dándoles apretones quien los fue a despedir.
Habrás de ser feliz viajando en este tren,,
yo se que en el andén de la última estación,
con febril inquietud por el ansia de verte
te espera la gran suerte de amante corazón.
Cansino y dolorido el “corto” traquetea,
va llegando a la aldea mas alta del lugar,
luego, se precipita raudo por la pendiente,
alegre y sonriente pues ya se huele el mar.
Y termina orgulloso su quehacer cotidiano,
de buen samaritano, dispuesto a descansar ,
hasta el siguiente día , de nuevo uncido al yugo,
aquel corto de Lugo difícil de olvidar.
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miércoles, 16 de enero de 2008
EL MARINERO
<>
Cuéntame cosas de la mar, buen marinero,
de tu barco velero y del amor aquel.
Del viejo bergantín de recortada eslora,
de la brisa sonora que bronceó tu piel.
Tu barco no es el mismo que preso en la botella
contempla la querella de algún sucio figón,
el tuyo navegaba por las lindes del cielo
donde hallabas consuelo a tu desolación.
Cruzaste la frontera de la mitología,
en busca cada día de un nuevo amanecer.
Poseidón te regala la frágil sirenita
y Venus Afrodita volvía a renacer.
Oías aquilones silbar en la nortada
de la lluvia empapada y del agua del mar
De profundas tinieblas, fulgurantes centellas,
con todas las estrellas cansadas de alumbrar.
Bebias horizontes de estrella matutina,
navegando en bolina o a un descuartelar.
Te daba confianza la brújula estrellada
y ver la mar rizada que hiende el tajamar.
Las estrellas te guían en la recia aventura,
de larga singladura que afrontas con valor.
En lejano horizonte la luz resplandeciente,
de una aurora emergente asoma por babor.
Cuéntame cosas de la mar, buen marinero,
de aquel viejo velero que se hundió en Trinidad,
cuéntame del pirata que altivo y sonriendo,
se murió defendiendo del mar la libertad.
Ya el mar no te seduce, descendiste a la tierra
esquivando la guerra del cierzo y el monzón.
Hoy cambiaste la lucha por la vida tranquila,
para escuchar la esquila del viejo corazón.
Con el brazo tatuado de un nombre en tu memoria
alcanzarás la gloria , por tu hombría y valor.
Y te habrán de otorgar, porque tu lo mereces,
y ganaste con creces, los laureles de honor.
Cuéntame cosas de la mar, buen marinero,
de tu barco velero y del amor aquel.
Del viejo bergantín de recortada eslora,
de la brisa sonora que bronceó tu piel.
Tu barco no es el mismo que preso en la botella
contempla la querella de algún sucio figón,
el tuyo navegaba por las lindes del cielo
donde hallabas consuelo a tu desolación.
Cruzaste la frontera de la mitología,
en busca cada día de un nuevo amanecer.
Poseidón te regala la frágil sirenita
y Venus Afrodita volvía a renacer.
Oías aquilones silbar en la nortada
de la lluvia empapada y del agua del mar
De profundas tinieblas, fulgurantes centellas,
con todas las estrellas cansadas de alumbrar.
Bebias horizontes de estrella matutina,
navegando en bolina o a un descuartelar.
Te daba confianza la brújula estrellada
y ver la mar rizada que hiende el tajamar.
Las estrellas te guían en la recia aventura,
de larga singladura que afrontas con valor.
En lejano horizonte la luz resplandeciente,
de una aurora emergente asoma por babor.
Cuéntame cosas de la mar, buen marinero,
de aquel viejo velero que se hundió en Trinidad,
cuéntame del pirata que altivo y sonriendo,
se murió defendiendo del mar la libertad.
Ya el mar no te seduce, descendiste a la tierra
esquivando la guerra del cierzo y el monzón.
Hoy cambiaste la lucha por la vida tranquila,
para escuchar la esquila del viejo corazón.
Con el brazo tatuado de un nombre en tu memoria
alcanzarás la gloria , por tu hombría y valor.
Y te habrán de otorgar, porque tu lo mereces,
y ganaste con creces, los laureles de honor.
sábado, 12 de enero de 2008
MI DULCINEA

Un amor puramente cerebral,
como el don Quijote y Dulcinea,
amor en que la mente devanea,
es , sin embargo, el amor ideal.
¿Que mas habrá de darte la fortuna,
el día en que la especie te lo pida,
si no un amor para toda la vida.
que jamás te dará molestia alguna?
Nunca el amor ha muerto de abstinencia,
ni le ha perjudicado un largo ayuno,
pero puede morir de indigestión.
Por eso, los que saben de esta ciencia,
me felicitan por tener ya uno,
mi dulce Mariaurea Rubillón .
como el don Quijote y Dulcinea,
amor en que la mente devanea,
es , sin embargo, el amor ideal.
¿Que mas habrá de darte la fortuna,
el día en que la especie te lo pida,
si no un amor para toda la vida.
que jamás te dará molestia alguna?
Nunca el amor ha muerto de abstinencia,
ni le ha perjudicado un largo ayuno,
pero puede morir de indigestión.
Por eso, los que saben de esta ciencia,
me felicitan por tener ya uno,
mi dulce Mariaurea Rubillón .
lunes, 31 de diciembre de 2007
SUBIR A LA MONTAÑA

Me gusta, ya lo sabes, saludar a la aurora
en la playa sonora , bajo un cielo de tul.
Dormir sobre la arena soñando con mi amada,
que fiel y enamorada vela mi sueño azul.
Subir a la montaña debajo de los pinos,
bordeando caminos, a las cumbres llegar.
Trepar por las laderas y del águila el nido,
contemplar, escondido, su atento vigilar.
Comulgar con la tierra y sentarme cansado,
después de haber libado, en un claro hontanar.
Descender a los valles del oloroso espliego,
y olvidando tu ruego, olvidarme de amar.
en la playa sonora , bajo un cielo de tul.
Dormir sobre la arena soñando con mi amada,
que fiel y enamorada vela mi sueño azul.
Subir a la montaña debajo de los pinos,
bordeando caminos, a las cumbres llegar.
Trepar por las laderas y del águila el nido,
contemplar, escondido, su atento vigilar.
Comulgar con la tierra y sentarme cansado,
después de haber libado, en un claro hontanar.
Descender a los valles del oloroso espliego,
y olvidando tu ruego, olvidarme de amar.
sábado, 22 de diciembre de 2007
viernes, 14 de diciembre de 2007
EL TANGO

Soneto porteño
Cuando el candombe de un tango orillero
revuelca por el fango del suburbio
la oscura nota de su origen turbio,
rezonga el bandoneón sueño tanguero..
Arde la luz del querosén que troca
el imposible duelo de las facas,
que deja al sur la senda de Barracas
y el turbio riachuelo de La Boca.
Desde la Cruz del Sur brilla una estrella,
que entre aromas de nardo y de glicina,
contempla la milonga en la quebrada.
Y en la penumbra de Nueva Pompeya,
del arrabal erguido en vieja esquina,
se va, luz de almacén, hacia la nada.
Cuando el candombe de un tango orillero
revuelca por el fango del suburbio
la oscura nota de su origen turbio,
rezonga el bandoneón sueño tanguero..
Arde la luz del querosén que troca
el imposible duelo de las facas,
que deja al sur la senda de Barracas
y el turbio riachuelo de La Boca.
Desde la Cruz del Sur brilla una estrella,
que entre aromas de nardo y de glicina,
contempla la milonga en la quebrada.
Y en la penumbra de Nueva Pompeya,
del arrabal erguido en vieja esquina,
se va, luz de almacén, hacia la nada.
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ROMANCE DE PACO RIVERA

En la muerte de Paquirri
Paco Rivera “Paquirri”
el mejor de los toreros
caíste de una cornada
de Avispado el traicionero.
Cuando los chisperos ponen
crespones en el albero,
cuando las Manolas lloran
sangre de cuerpo moreno,
cuando arrastran las mulillas
jirones de terciopelo,
caíste de una cornada
con tu vestido oro y negro.
¿Por que trajiste mal toro
a la muerte en tu escalpelo?
¿Donde dejaste Paquirri
tu quiebro firme y sereno?
Hoy vas montado a horcajadas
en una jaca sin freno
con una moza a la grupa
sin carne sobre los huesos.
Suenan trompetas celestes
y los timbales del trueno,
hoy hay corrida de rumbo
con los toreros que fueron.
Sale a despejar la plaza
un angelito moreno,
y no suenan pasodobles
que sale al son de un bolero,
rosario de notas hecho
en los clarines del cielo
Ya estás pisando la arena
al lado del Espartero,
de Curro Puya y José
de Manolete y Granero.
Ya por el hondo portón
salen las sombras de Islero,
Pocapena, Bailaor,
Perdigón y Jocinero ,
con Avispado, seis toros
de la vacada del miedo.
Das una larga cambiada
de rodillas en el suelo
y la sombra del astado
remata en el burladero,
afarolados que alumbran
la ruta del cementerio.
cuatro hachones encendidos
con banderillas de fuego
Chicuelinas desmayadas,
verónicas de convento,
pases de pecho dormidos,
manoletinas de invierno,
adorno de fuego fatuo,
ovación de sahumerio.
Entre lloros y quebrantos
has de dar la vuelta al ruedo.
Paco Rivera “Paquirri”
ell mejor de los toreros
ROMANCE 29/9/84
martes, 11 de diciembre de 2007
ROMANCE DE LA NIÑA BOBA
A donde se va la niña
toda vestida de rosa,
a donde se va la niña
que llaman la niña boba.
Pequeñita y poca cosa
está pensando en su boda,
ella es de Fuente Ovejuna
en la provincia de Córdoba,
cree estar enamorada,
y en su cabecita loca,
borracha de fantasías,
pero callada su boca,
sueña en lugares lejanos,
piensa que llegó su hora,
y ya no le importa el juego
tan lindo de la amapola.
Hoy todas sus ilusiones
tienen una idea sola.
Está muy bien enterada
de un príncipe que la adora.
En el propio Uzbekistán,
aquel que por ella llora,
y prepara su caballo
para acudir sin demora.
Viene desde Samarcanda,
su madre es Reina y Señora,
y no vendrá en solitario,
vendrá con su escolta toda,
vestidos de arriba abajo,
según la última moda.
Trae un azor en la mano
y en la cintura una joya,
para entregar cuando llegue
a la que ha de ser su esposa.
Viene avispado y despierto
por si alguno se la roba.
Viene feliz y contento
aunque la lluvia lo moja,
o lo abrasa un sol ardiente,
del que reniega la tropa.
Ya en su duro galopar
se ve la luz de la aurora.
Va a cumplirse su deseo
de ver a la niña boba
toda vestida de rosa,
a donde se va la niña
que llaman la niña boba.
Pequeñita y poca cosa
está pensando en su boda,
ella es de Fuente Ovejuna
en la provincia de Córdoba,
cree estar enamorada,
y en su cabecita loca,
borracha de fantasías,
pero callada su boca,
sueña en lugares lejanos,
piensa que llegó su hora,
y ya no le importa el juego
tan lindo de la amapola.
Hoy todas sus ilusiones
tienen una idea sola.
Está muy bien enterada
de un príncipe que la adora.
En el propio Uzbekistán,
aquel que por ella llora,
y prepara su caballo
para acudir sin demora.
Viene desde Samarcanda,
su madre es Reina y Señora,
y no vendrá en solitario,
vendrá con su escolta toda,
vestidos de arriba abajo,
según la última moda.
Trae un azor en la mano
y en la cintura una joya,
para entregar cuando llegue
a la que ha de ser su esposa.
Viene avispado y despierto
por si alguno se la roba.
Viene feliz y contento
aunque la lluvia lo moja,
o lo abrasa un sol ardiente,
del que reniega la tropa.
Ya en su duro galopar
se ve la luz de la aurora.
Va a cumplirse su deseo
de ver a la niña boba
MI ABUELO
Ni es mi abuelo, ni soy yo, pero sirvenMe gustaría haber sido relojero de alto vuelo,
quisiera, como mi abuelo, el que me enseñó a leer,
ser dueño de mi taller y alcanzar fama de honrado
pero nunca lo he logrado , jamás lo he podido ser.
Quisiera, de corazón, emular a aquel buen viejo,
que fuese como el espejo donde un día me miré
y tener también un nieto al que enseñarle la esencia
de las letras, con paciencia , con sabiduría y fe.
Usaría, como el hizo, tapas de la alcantarilla,
en lugar de la cartilla que nunca necesitó.
Esta redonda es la “o”, la “m” con la “i” mi,
así fue como aprendí, tal fue como me enseñó.
Aunque parezca increíble, con tan simple silabario
aprendí el abecedario ,y leí en el ABC
descifraba los letreros “FRUTERIA DE ARAGÓN”
marcaba con su bastón, y pocas veces fallé. .
Nada se le resistía a mi pertinaz abuelo,
que con increíble celo me enseñaba la lección.
no necesitó pupitre, ni encerado, ni libreta,
usó su mente perfecta, hasta rechazó el catón.
Quisiera, como mi abuelo, haber sido un artesano,
trabajador de la mano, contento de ser así.
Yo sería relojero con el orgullo de un duque,
y no comiendo balduque, ni el chupatintas que fui
A todo el que me pregunta, le contesto sin recelo
que es mérito del abuelo mi rara precocidad,
que si hay alguien que merece un elogio clamoroso,
no ha de ser nunca el mocoso, será del de mas edad.
Como ahora estoy en vena , aprovecharé este día
para rendir pleitesía al hombre que me educó
siempre lo tuve presente, fue para mi como un rito,
y el era el padre bendito de la que a mi me parió.
lunes, 10 de diciembre de 2007
EN TUS BRAZOS

Solo en tus brazos se encuentra la vida,
solo en tu pecho anida la esperanza,
solo en ti hay calor, vida y bonanza,
eres tú la mujer que no se olvida.
Sin ti toda ilusión está perdida,
tu presencia trasciende confianza,
a tu lado la altura que se alcanza,
habrá de ser apoyo en la caída.
Solo vive quien puede merecerte,
pagando el duro precio de la muerte,
por la gloria de haberte conocido.
Y el que no alcance de tu amor la llama,
jamás ha de saber como se ama,
mas nunca ha de morir, pues no ha vivido.
solo en tu pecho anida la esperanza,
solo en ti hay calor, vida y bonanza,
eres tú la mujer que no se olvida.
Sin ti toda ilusión está perdida,
tu presencia trasciende confianza,
a tu lado la altura que se alcanza,
habrá de ser apoyo en la caída.
Solo vive quien puede merecerte,
pagando el duro precio de la muerte,
por la gloria de haberte conocido.
Y el que no alcance de tu amor la llama,
jamás ha de saber como se ama,
mas nunca ha de morir, pues no ha vivido.
sábado, 8 de diciembre de 2007
LOS DOS AMIGOS
Dos amigos entrañables que no tienen que vercon el relato pero sí con el título
-¡Adiós Alfonso!
-¡Adiós Pepe!
Al cruzarse por la calle ambos amigos, si es que aún podía llamárseles así, se habían limitado a dirigirse un áspero y lacónico saludo para luego seguir sus respectivos caminos. Y, sin bien se mira, el saludo podía haber sido mucho mas frío, podían haber omitido los nombres ,podían, incluso, no haberse saludado. La aspereza estaba mas bien en las maneras , en la expresión del rostro, en algo, en fin, que no se puede decir con palabras, pero que hubiese sido perfectamente percibido por cualquiera que se hubiese cruzado con ellos en aquel instante.
Habían sido amigos inseparables, no se concebía la presencia de uno sin la del otro. La llegada de cualquiera de ellos a un determinado lugar era como el heraldo que anunciaba la próxima del otro. La gente se había acostumbrado a verlos siempre juntos, siempre cordiales, siempre afectuosos con ellos mismos y con los que les rodeaban. Entre todas sus relaciones , incluidas las pocas no comunes, había como una especie de acuerdo tácito para no contar con uno sin el otro y, naturalmente, cuando la ocasión lo exigía, con sus respectivas esposas. Porque ambos estaban casados y la amistad y el afecto que se profesaban se salía de la estricta esfera personal y se prolongaba, como algo lógico y natural, en las relaciones de ambas parejas. No se podía decir que las esposas fuesen tan amistosamente entrañables como lo eran ellos. no formaban, como lo hacían sus maridos , una pareja inseparable, entre ellas, no llegó a existir una verdadera amistad. Cada una tenía su mundo y su vida que le eran propios y solamente las aglutinaba la presencia de sus maridos. Entonces si; entonces eran cuatro inseparables compinches y no había fiesta social, banquete, etc., en la que no se les viese juntos, siempre riendo, siempre felices y alegres. Era una intimidad limpia y sana sin el menor interés bastado, sin la menor reticencia, sin la mas leve nube que empañase aquella serena amistad. Por rara virtud no había caído en lenguas de comadres. Habían tenido el acierto de no promiscuar ni en el mas leve y banal aspecto de sus relaciones matrimoniales. Muy rara vez, en alguna fiesta, bailaba uno con la mujer del otro y no existía fisura por donde pudiese infiltrase el veneno de una maledicencia que, con tanta frecuencia se daba en otros casos similares. También estaban unidos en las horas de dolor, que procuraban compartir con verdadero y fraternal afecto, sin frases, sin gestos protocolarios, si no con el verdadero y sincero deseo de ayudarse a sobrellevar los golpes que la vida, de vez en cuando , les asestaba.
Dice un proverbio chino que “En minuto de error se deshace de un siglo la labor” y así, aquella amistad monolítica se vino al suelo en un momento desafortunado. En realidad fue una futesa y no vale la pena entrar en detalles, Una palabra inoportuna, una reacción inadecuada y se produjo lo inesperado. Fue durante una fiesta en la que se bebió liberalmente y es posible que el alcohol fuese el culpable máximo . Pero se continuó libando hasta que de la alegría se pasó a la histeria y de las palabras a los hechos. Todo fue imprevisible y absolutamente irreparable. Hubo insultos y bofetadas en público y fue tan mortalmente herido el orgullo y el amor propio de ambos, que de nada sirvieron , posteriormente, los buenos oficios de los amigos comunes.
Ya han pasado varios años desde aquel incidente que arruinó una amistad aparentemente inconmovible. En realidad las ofensas están perdonadas, pero los hechos no han sido olvidados, y, las pocas veces que se ven, procuran eludirse. La ciudad es muy grande y, como ya no se buscan, rara vez se encuentran. Hoy se han visto a distancia. Caminaban, en direcciones opuestas, por la misma acera y se dieron perfecta cuenta de que se iban a cruzar. Y así, al llegar uno a la altura del otro, se limitaron a decir:
-¡Adiós Pepe!
-¡Adiós Alfonso!
-¡Adiós Pepe!
Al cruzarse por la calle ambos amigos, si es que aún podía llamárseles así, se habían limitado a dirigirse un áspero y lacónico saludo para luego seguir sus respectivos caminos. Y, sin bien se mira, el saludo podía haber sido mucho mas frío, podían haber omitido los nombres ,podían, incluso, no haberse saludado. La aspereza estaba mas bien en las maneras , en la expresión del rostro, en algo, en fin, que no se puede decir con palabras, pero que hubiese sido perfectamente percibido por cualquiera que se hubiese cruzado con ellos en aquel instante.
Habían sido amigos inseparables, no se concebía la presencia de uno sin la del otro. La llegada de cualquiera de ellos a un determinado lugar era como el heraldo que anunciaba la próxima del otro. La gente se había acostumbrado a verlos siempre juntos, siempre cordiales, siempre afectuosos con ellos mismos y con los que les rodeaban. Entre todas sus relaciones , incluidas las pocas no comunes, había como una especie de acuerdo tácito para no contar con uno sin el otro y, naturalmente, cuando la ocasión lo exigía, con sus respectivas esposas. Porque ambos estaban casados y la amistad y el afecto que se profesaban se salía de la estricta esfera personal y se prolongaba, como algo lógico y natural, en las relaciones de ambas parejas. No se podía decir que las esposas fuesen tan amistosamente entrañables como lo eran ellos. no formaban, como lo hacían sus maridos , una pareja inseparable, entre ellas, no llegó a existir una verdadera amistad. Cada una tenía su mundo y su vida que le eran propios y solamente las aglutinaba la presencia de sus maridos. Entonces si; entonces eran cuatro inseparables compinches y no había fiesta social, banquete, etc., en la que no se les viese juntos, siempre riendo, siempre felices y alegres. Era una intimidad limpia y sana sin el menor interés bastado, sin la menor reticencia, sin la mas leve nube que empañase aquella serena amistad. Por rara virtud no había caído en lenguas de comadres. Habían tenido el acierto de no promiscuar ni en el mas leve y banal aspecto de sus relaciones matrimoniales. Muy rara vez, en alguna fiesta, bailaba uno con la mujer del otro y no existía fisura por donde pudiese infiltrase el veneno de una maledicencia que, con tanta frecuencia se daba en otros casos similares. También estaban unidos en las horas de dolor, que procuraban compartir con verdadero y fraternal afecto, sin frases, sin gestos protocolarios, si no con el verdadero y sincero deseo de ayudarse a sobrellevar los golpes que la vida, de vez en cuando , les asestaba.
Dice un proverbio chino que “En minuto de error se deshace de un siglo la labor” y así, aquella amistad monolítica se vino al suelo en un momento desafortunado. En realidad fue una futesa y no vale la pena entrar en detalles, Una palabra inoportuna, una reacción inadecuada y se produjo lo inesperado. Fue durante una fiesta en la que se bebió liberalmente y es posible que el alcohol fuese el culpable máximo . Pero se continuó libando hasta que de la alegría se pasó a la histeria y de las palabras a los hechos. Todo fue imprevisible y absolutamente irreparable. Hubo insultos y bofetadas en público y fue tan mortalmente herido el orgullo y el amor propio de ambos, que de nada sirvieron , posteriormente, los buenos oficios de los amigos comunes.
Ya han pasado varios años desde aquel incidente que arruinó una amistad aparentemente inconmovible. En realidad las ofensas están perdonadas, pero los hechos no han sido olvidados, y, las pocas veces que se ven, procuran eludirse. La ciudad es muy grande y, como ya no se buscan, rara vez se encuentran. Hoy se han visto a distancia. Caminaban, en direcciones opuestas, por la misma acera y se dieron perfecta cuenta de que se iban a cruzar. Y así, al llegar uno a la altura del otro, se limitaron a decir:
-¡Adiós Pepe!
-¡Adiós Alfonso!
lunes, 26 de noviembre de 2007
BESOS DE CARMIN
Obra de MAN RAYAnhelo las caricias de tus mórbidas manos,
instrumentos livianos de un glorioso festín.
Busco los dulces labios de tu boca jugosa,
tu boca mentirosa, tus besos de carmín.
En el altar profano de una orquesta cualquiera,
poder bailar quisiera un aire popular.
Rendida entre mis brazos con los ojos cerrados
los arpegios dorados de la danza escuchar.
En el seto oloroso de un jardín sonriente
y una límpida fuente llegarse a embriagar.
En el íntimo enclave de un oscuro camino
con dos vasos de vino por el amor brindar.
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